De objetivos y planes

Por Basketistas

Los que llevamos ya unos años con hijos metidos en el deporte base, habremos oído hablar alguna vez de objetivos, quizá no muchas ya que al igual que “competir”, lo de hablar de objetivos sugiere a continuación tener que lavarse la boca por sonar a perversión. Lo que quizá habremos oído hablar aún menos o quizá ni lo hemos hecho ha sido de planes.

Y es que en estas etapas de la infancia de nuestros hijos e hijas, tiene que ser todo muy inmaculado y más cuando nos referimos a asuntos que se consideran lúdicos y ajenos a su formación académica. Totalmente de acuerdo en que programar niños pequeños como futuros deportistas de élite es inconsciente y casi cruel y se suele acabar robando esa infancia que todos deberíamos de recordar como una etapa plácida y maravillosa en la que hemos aprendido tantas y tantas cosas. Lo que ya no parece tener mucho criterio es exigir compromiso y disciplina en unos temas y en otros no, y no sólo no exigirlo sino que además las familias prediquen con el mal ejemplo de no mostrar interés por esas actividades deportivas en las que participan sus niños y tomarlas como meros pasatiempos con los que entretener las horas de ocio de fines de semana o los ratos muertos durante la semana. Antes de escandalizar a nadie con estas líneas vaya por delante que defiendo que cada niño o niña debe de elegir si quiere o no practicar un deporte y ser ellos los que elijan la disciplina en la que hacerlo. El papel de las familias en esta etapa inicial ha de ser el apoyo incondicional y valorar los progresos como lo que en realidad son, grandes logros personales.

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Nuestros hijos deciden empezar a practicar un deporte, por lo general a una edad de escuela deportiva y en un ámbito escolar, con lo cual es una actividad extraescolar más como podría ser cerámica, teatro o cualquier actividad que oferte el centro. Nos parece maravilloso, nuestro hijo o hija se va a entretener y hacer deporte es sano para cuerpo y mente. Durante esos primeros años vemos a esos renacuajos correr tras un balón de fútbol o pelearse por un balón de baloncesto más grande que ellos con más o menos facultades según el niño o niña en cuestión. Esto ya va produciendo que de un curso a otro haya alguna “baja” de niños que no les atrae el deporte en cuestión y probarán otras actividades. Empiezan los partidillos y a los padres se nos cae la baba viendo a nuestros hijos a la par que nos divertimos porque seguimos viendo todo como un pasatiempo y una actividad sana. Ya en estas etapas los niños y niñas con habilidades empiezan a mostrarlas y también ese carácter competitivo aflora ya en algunos.

Nuestros peques siguen interesados en el deporte, se hacen equipos y se federan, toca empezar a jugar como benjamines. En baloncesto es todo muy lúdico y ni las familias sabemos de niveles, grupos, ni nada que se le parezca. El objetivo es que los niños se lo pasen bien, pero que tire la primera piedra el que no haya celebrado una victoria con su hijo ya en categoría benjamín. Ya puestos que alguien diga que se sintió mal por ello… Hablaremos de las familias y la competición en otro post.

Sigue produciéndose el filtro lógico de aquellos chicos y chicas que más interés tienen y que lo apoyan con facultades para el deporte, se van formando equipos más definidos. Se suele acabar la categoría benjamín ya con algunas certezas: a mi hijo le gusta, a mi hijo se le da bien, mi hijo se divierte,… Y en baloncesto al menos se llega a la etapa alevín y como que se da uno de bruces con la competición, pero tampoco se puede decir que se compite, eso para los profesionales. En estas categorías ya vienen los equipos de clubes potentes arrasando, ya hay árbitros, actas, se miran más las clasificaciones, niveles…

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Es este punto al que se quería llegar ya que debería de ser en estas edades de alevín cuando quizá habría que hablar y exponer claramente a las familias unos objetivos y planes para que todos tuviésemos claro lo que va a ir llegando y sobre todo el nivel de compromiso y exigencia al que sumarnos. Si no se hace, luego pasa lo que pasa, equipos divididos, familias con muy distintos puntos de vista y de ahí a reproches y malos ambientes hay un paso muy pequeño. Cualquiera reconoceremos que debería de hacerse así pero entonces, ¿por qué no se hablan estos temas clara y abiertamente? Tampoco se trata de hacer dos grupos, uno con los que quieren hacer del deporte la profesión de sus hijos y otro con aquellos a los que todo les importa bien poco, lo que hay que hacer es intentar aglutinar capacidades y formas de entender el deporte por grupos humanos de jugadores y familias.

Varios motivos puede haber para no exponer las cosas como se debería de hacer: intereses del colegio, agrupación o club por su organización interna y/o intereses económicos; y evitar choques con familias que pueden sentirse ofendidas por no incluir a su hijo/a en un determinado nivel, separarlos de sus amigos, etc. En resumen: por intereses propios o por evitar conflictos que nunca son del agrado de nadie.

Contra el interés particular de la organización en la que estemos, poco podemos hacer. Lo estamos viviendo en la agrupación en la que estamos actualmente donde sólo somos cuotas mensuales a todos los efectos en lugar de ser socios (por estatutos eso somos) a los que informar, consultar y hacer partícipes de todas las decisiones. Muy al contrario todo se hace con un oscurantismo preocupante, el tema de la cuarta pared ha sido lo más sangrante para quienes se han querido informar de la realidad y el destino del dinero finalmente. Aquellos que se subieron a ese carro por desinformación o por otros intereses deberían de sentirse ahora engañados, pero cada uno ve lo que quiere ver.

En lo relativo a evitar conflictos con familias, el no afrontar las cosas a su debido tiempo acarrea que acaben explotando con el tiempo y de peor modo. No ser claro en su momento, aunque suponga algún disgusto, puede llevar a una deriva posterior peor y a una espantada de gente del club que no vea una línea clara, una filosofía. Todos tenemos derecho a tomar la actividad deportiva de nuestros hijos como algo más competitivo o como un pasatiempo, como algo con más futuro o como la manera de que no se les “engorde el culo”.  Hoy por hoy hay suficientes niveles y equipos en un club grande como para poder contentar a todos y bastaría con ser claro en eso: objetivos y planes.