Si se puede mejorar ¿hay que intentarlo?

Por Basketistas

Hace poco planteábamos unas cuestiones a través de nuestra cuenta de Twitter (@Basketistas) intentando recopilar la opinión sobre algunos aspectos que siempre están en boca de todos en este mundo del baloncesto base de nuestra ciudad. 

Son, como decimos, temas recurrentes que por lo general surgen con más fuerza cuando se va acabando la temporada y toca hacer en cierto modo balance del rendimiento del equipo. En definitiva solo son cuestiones que deberíamos de abordar todos los que de un modo u otro navegamos por esto del deporte base, pero especialmente clubes, cuerpos técnicos y federaciones. Al final de lo que se trataría es de ir buscando mejorar año tras año las condiciones en que se celebran las competiciones.

Pero suele ser también un asunto que provoca reparos y que o se prefiere no afrontar o se encara con actitud a la defensiva por algunos, especialmente entidades.

NIVELES DE COMPETICIÓN

Resulta que lo que debió de nacer con mucha lógica y que es una norma sobre el papel acertada, tiene sus dobleces que no estaría de más revisar de vez en cuando. En el fútbol base ocurre que cuando una generación es inferior a la que le precede, parece condenada a acabar sufriendo para no descender año tras año, ya que sus antecesores suelen ascender y dejar al equipo con unos rivales acordes a su nivel pero no al de los que vienen detrás. Esto estaba resuelto en el baloncesto al ser temporadas independientes (hablamos de base) donde no hay ascensos ni descensos y donde cada generación puede “encajarse” en un nivel apropiado para sus capacidades de modo que siempre pueda competir y con ello mejorar.

Hasta aquí la teoría. Luego llega la picaresca o como se le quiera llamar, la conveniencia, la comodidad, las medidas diplomáticas con algunas familias… Y lo que debería de incluir también un cierto componente “moral” se va diluyendo. En la era de la inmediatez, el modo de tener contentos a familias y jugadores es darles lo que quieren, y parece que eso pasa por dar victorias y títulos, hijos/as exitosos. Más cómodo para llevar un equipo o gestionar grupos, para convivir con familias apasionadas, es llevar a los equipos a categorías donde a veces, en situaciones puntuales, acaban por pasearse.

También, y cierto es, puede ocurrir que un equipo explota y, aunque no era de esperar, su rendimiento se dispara contra pronóstico. Pero seamos sinceros, estos casos son los menos.

Por todo esto en algunas federaciones territoriales se hace una competición de Copa previa a la Liga que sirve para otorgar el nivel competitivo a los equipos para la liga, ubicarlos en niveles adecuados para competir entre iguales o lo más parecido posible. Hacer las competiciones igualadas obliga a esforzarse, a mejorar y a superarse a lo largo del curso. ¿Acaso no es esto lo que deberíamos buscar en el deporte base además de (por supuesto) la formación como personas?

Por ello una de las preguntas que planteábamos era si no sería más adecuado una competición previa que asignase el nivel competitivo para la temporada en función del rendimiento. Puede haber otras opciones y la más lógica sería que los entrenadores y/o clubes fueran honestos pero…

Resultados a la pregunta “Sería bueno/lógico una copa previa a la temporada para definir los niveles competitivos de los equipos para la liga”:  96% sí; 4% no.

Es que puede haber clubes que si tienen tres o más equipos de nivel A, tienen que apuntar por fuerza en B. Incorrecto. No es obligado y además quizá así se plantearían el compensar más su estructura no acaparando tanto nivel A que al final deja a otros clubes sin posibilidades de crecer ya que constantemente se ve goteo de jugadoras que destacan hacia los mismos clubes que se cuentan con los dedos de una mano, y sobran dedos. Esto es políticamente incorrecto decirlo pero es solo una opinión y de esto surgen debates paralelos como que cada familia se va al club que quiere, que cada uno es lo competitivo que quiere, etc. Y ojo con la competitividad que levanta ampollas debido a esa corriente que parece obligar a elegir entre competir o formar. Desde nuestro punto de vista no hay que caer en ese simplismo porque se puede formar compitiendo y se puede competir formando.

NORMA DE LOS 25 PUNTOS

Como indicamos, el apuntarse a uno u otro nivel es algo subjetivo y por tanto queda en manos del coordinador o entrenador de turno, de consideraciones logísticas del club y conceptos no meramente deportivos. Además está ese aspecto de honestidad que debería anteponerse al de la nombrada comodidad o “titulitis” (obtener títulos de liga o copa aunque sea paseándose). Y como esto de elegir el nivel honestamente se debía de cuestionar, se creó la norma de los 25 puntos. La traducción es algo como, un equipo puede ir sobrado pero no hacer apología de ello. Sigue sonando a maquillaje y a dudosa efectividad pero al menos se intentaba afear esa actitud.

El equipo que tiene un nivel notablemente por encima del resto de su grupo tendrá propensión a tanteos abultados, es indudable. Si además, conociendo la norma, se excede de los 25 puntos de promedio a favor en sus partidos no es que esté en un nivel inadecuado sino que le importa bien poco la norma que sea que le pretenda contener. Está mal apuntarse en un nivel inferior al real y apabullar al resto de equipos, pero esa exhibición gratuita de un supuesto e inflacionado potencial sobra.

A la pregunta sobre esta norma en nuestra encuesta de Twitter un 67% de los que han contestado opinan que la norma es inútil, mientras que un 33% opinan que sí que sirve para ajustar el nivel. Todas las opiniones son respetables y valorables, en nuestra opinión no deja de ser una norma que si todo funcionase con más honestidad ni debería de existir. Pero visto lo visto alguna utilidad tiene aunque solo sea para recordar una especie de “puedes ir sobrado si quieres, pero sin humillar”. Hay que insistir para los no iniciados que hablamos de  niveles B y C, en A no existe esta norma porque a fin de cuentas es el nivel máximo y ahí no se puede jugar con el freno de mano porque luego se puede salir a campeonatos de España y torneos nacionales y hay que ir al máximo.

PARTIDOS APLAZADOS

Un tema que también puede acabar por condicionar la competición es el de los partidos aplazados. Y es que el reglamento establece unas normas en juegos escolares que dictan que “los partidos aplazados se jugarán en los 15 días siguientes a su jornada, para lo cual al solicitar el aplazamiento habrá de fijarse la fecha en la que va a disputarse dicho partido de común acuerdo entre ambos equipos“. No parece dejar lugar a dudas a cómo proceder en un aplazamiento, lo que ocurre es que esta norma sencillamente no se cumple en la mayoría de casos en vista de los calendarios. Que haya equipos que puedan beneficiarse de estos aplazamientos por no cumplir la norma es algo que perjudica a la competición. Habría que ser más escrupulosos en exigir el cumplimiento de esta norma por todos.

Y otra vertiente de los partidos aplazados es lo que a veces acaban por acarrear la no presentación a un partido.

NO PRESENTADO

Resulta que por normativa, no presentarse a un partido implica que se dé por perdido por un resultado de 2-0 o 0-2 según se sea visitante o local. Hasta aquí relativamente bien, pero la cosa se empieza a enrarecer cuando al equipo no presentado se le da 1 punto por partido perdido y al otro equipo los 2 puntos de la victoria. Hecha la ley, hecha  la trampa. Según me pueda convenir en función al resultado que cabría esperar de un partido, no me presento y “solo” pierdo por 2 puntos de diferencia (no me penaliza average) y sumo un punto. El hecho de no presentarse acaba teniendo una dudosa penalización. A este respecto se preguntaba en la encuesta y un 61% opinaba que no debería de sumarse ningún punto, un 33% que incluso debería de castigarse restando algún punto y un 6% consideraba que la norma estaba bien así.

A nuestro entender, como poco, no debería de sumarse ningún punto cuando un equipo no se presenta a un partido ya que es una falta de respeto al resto de equipos y a la propia competición.

CONCLUSIONES

La conclusión por nuestra parte es que lo primero que habría que hacer es cumplir las normas que hay porque si no se hace, ¿para qué están? Lo segundo, que todo es susceptible de incorporar mejoras y siendo así ¿por qué no hacerlo? La competición es algo vivo, que evoluciona y con ella deben de evolucionar las normas. Así se hace con las normas técnicas, ¿por qué no con el resto de normas? Basta de complacencia y dejar pasar el tiempo sin más.

Mejorar las competiciones para dotarlas de más justicia deportiva, es lo único que planteamos. ¿Competir? Sí. ¿Formar? Por supuesto ¿Valores? Imprescindible. NADA es incompatible, la vida real tiene de todo eso y tener a los hijos en una burbuja no es nada realista, además de injusto para ellos.