¿Cerrar la puerta?

Por Basketistas

La crisis sanitaria va para largo, el estado de alarma está garantizado hasta el 9 de mayo y probablemente de una u otra forma se pueda extender más allá. Con este panorama los eventos multitudinarios se están viendo suspendidos o aplazados a otoño, más por enviarlos a un horizonte lejano que dé visos de esperanza que por certeza de que se puedan llegar a celebrar. Los estudios no parece que se vayan a retomar presencialmente ya en este curso y el deporte de base posiblemente en un par de semanas habrá dado carpetazo a la temporada en todas las regiones.

Cerrar la puerta o dejarla entreabierta

Esta semana planteábamos en Twitter una encuesta al respecto. Si pudieran volver las competiciones, sea en final de temporada, sea a principio de la que viene, podría surgir la propuesta de que se tenga que jugar con restricciones o incluso a puerta cerrada. La pregunta era acerca del supuesto de esta última opción, ¿se considera que vale la pena jugar a puerta cerrada?

Los resultados a esa mini encuesta hablan de lo dividida que está la opinión en estos asuntos. Un 56% pensaba que no valía la pena jugar a puerta cerrada y un 44% era partidario de jugar así a falta de mejores soluciones.

Y es que hay que tener claro que todo lo que se plantea hoy por hoy son hipótesis inciertas dado lo cambiante de la situación, pero si hay algo claro es que el deporte base no se va a considerar una actividad esencial y no mueve las cantidades de dinero que sí que hace el deporte profesional.

La liga de fútbol va a intentar acabar su torneo pero será a partir de final de junio y tras someter a todos los jugadores y staff de los equipos a test PCR previamente y después hacer seguimiento con más test que garanticen en parte la seguridad de los participantes. Por supuesto todo sería a puerta cerrada y con dos metas claras: acabar la competición con ascensos y descensos deportivos; y finalizar/cobrar los contratos televisivos de la temporada 2019/20.

Del mismo modo la Liga ACB va a intentar hacer lo propio y para ello ha propuesto una fase final improvisada y un tanto chapucera con dos grupos de 6 clasificados (los 12 primeros de la liga en el momento del parón) que jugarían en grupos, para luego pasar a semifinales y final a partido único. Es una chapuza porque lo hecho hasta ahora por los clubes no se lleva a esta fase (puntos y victorias) y solo persigue, como el fútbol, poder proclamar un campeón y finalizar contratos televisivos, es decir, ingresos. Tampoco habrá descensos, aunque sí dos ascensos.

Al margen del profesionalismo estamos los del deporte base, los olvidados aunque sean el vivero del profesionalismo futuro. Y con la base viene asociado un adjetivo, precariedad. Poco dinero, menos medios y muchas ganas y voluntad, eso es la base.

Ya hay federaciones que han  cancelado la temporada. La madrileña ha dado la 2019/20 como temporada desierta, no ha existido a todos los efectos. La catalana puede seguir sus pasos y de momento ha cancelado todas las competiciones sub-21 excepto categorías preferentes. Para estas hay un margen hasta el próximo 17 de mayo para decidir si se cancelan también o no. Y así irán cayendo una tras otra porque las perspectivas que hay no son nada halagüeñas y siendo que todavía hay mucho desconocimiento sobre el número real de contagiados, de asintomáticos y de incluso cómo y por qué se propaga el virus en unas y otras circunstancias y sectores de población, sería una irresponsabilidad intentar jugar algo forzando una situación que tiene muchos más riesgos que beneficios. Lo normal sería asumir que la temporada está acabada y pensar en la siguiente.

 

Temporada 2020/21

Octubre está muy lejano y para entonces todos pensamos en que haya vuelto una  normalidad al menos relativa, pero por otro lado también se habla de la nueva oleada de contagios de otoño, un nuevo orden social, y más incertidumbres…

Hablar a cuatro o cinco meses vista no deja de ser hablar por hablar pero con lo que sabemos hoy no es descartable que haya todavía restricciones en cuanto a aforo a eventos y en el proceder del desarrollo de los propios eventos.

Especialmente complejo es el tema de los deportes de contacto. Se habla de no chocar las manos, evitar las cortas distancias pero, ¿se puede jugar así a baloncesto? La respuesta es NO. En septiembre/octubre habrá cambiado la situación seguramente, sabremos mucho más de lo que sabemos hoy e incluso puede que haya tratamientos o atisbo de vacuna pero no deja de ser especular.

Y entonces, si hay que restringir aforos no habría mucho problema por la cantidad ya que en la base y menos en liga regular, no suele haber aglomeraciones en las gradas. Pero en cuanto al contacto de jugadores, ahí tenemos un problema.

A día de hoy sabemos de lo altamente contagioso que es el virus con una propagación que nos obliga a mantener una distancia social de 2 metros, llevar mascarilla, guantes y medidas de higiene nunca usadas. Además sabemos que a los jóvenes les cursa pocos síntomas en general, cuando no son asintomáticos, sin embargo sí que lo pueden propagar. Entonces, para poder competir lo primero sería que todos los participantes tuviesen que hacerse un test y dar negativo para poder entrenar y jugar. ¿Quién va a controlar eso? ¿Quién dará un ok a licencias de jugadores que hayan dado negativo? ¿Quién se hará cargo de toda la logística? ¿y los gastos? ¿Control de entrenamientos? Suponiendo que esto se pudiera hacer, digamos que la competición estaría “limpia” pero los participantes tienen vida fuera, en sus casas o en la calle. ¿Habría que hacer análisis recurrentes? ¿Es asumible esta dinámica en deporte base con niños y niñas desde escuela deportiva hasta…senior?

La alternativa es jugársela, como parece que se plantea cuando se habla de volver a las clases. Pero hablamos de salud y no es lo mismo el control del contacto en una clase o recinto educativo que en una actividad deportiva. Lo miremos como lo miremos, los deportes de contacto de base van a ser un riesgo, y no bajo.

Complicado encaje tiene todo y lo que menos parece que sirva de algo es jugar a puerta cerrada. La cadena de potenciales contagios no se rompe por jugar a puerta cerrada. Aparte está que los partidos sin público no son lo mismo, para las familias no ver a sus hijos/as en acción es poco motivador y si encima hay un riesgo para la salud de ellos no parece que sea muy “vendible”. Se pueden ver los partidos grabados, en streaming y todo lo que queramos imaginar, pero hacen falta medios, presupuesto en definitiva, y tampoco es lo mismo y sobre todo, de fondo, es asumir que estamos exponiendo a los chicos y chicas a un riesgo que está por cuantificarse mientras los vemos desde la mampara de seguridad de una pantalla.

A nuestro entender, o se juega con garantías, o experimentos con gaseosa. Garantía para la salud de jugadores, árbitros y staff. A partir de esa premisa estudiar el entorno con medidas de distanciamiento y acceso controlado, etc. Pero siempre en ese orden. Por muchas ganas que tengamos de que jueguen, por muchas que tengas ellos/as de jugar, por muchos beneficios que haya para la salud física y mental, nunca hay que descuidar los riesgos y hoy por hoy los hay en buena medida.

Así que el jugar a puerta cerrada no nos resulta la mejor opción. Si hay garantía sanitaria, puerta abierta y acceso controlado ( ¿por quién? ) y si no hay garantías, no hay competición por mucho que nos duela.

Todo esto con los datos que tenemos hoy. Mañana, la semana que viene o el próximo mes todo puede cambiar y ojalá que lo haga.

Mucha salud para todos.