Recién llegados de un fin de semana intenso de trabajo en tareas de comunicación, imagen y soporte informático en la Basket Cup Gandía de QL Sport lo hacemos con el cansancio propio de tres días intensos de trabajo sin descanso pero con la satisfacción de comprobar que todos los asistentes y entidades presentes hacen una valoración muy positiva.

En este torneo de Gandía hemos tenido la suerte de conocer a un equipo muy especial, llegado desde Oaxaca (México) y formado por unas chicas cadetes pertenecientes a una etnia de un recóndito lugar de ese estado mexicano. La tribu de los Triquis ha sido reflejada en documentales y reportajes dedicados en especial a la labor que el baloncesto está haciendo con los jóvenes triquis para ayudarles a abrir horizontes, a aspirar a otras metas académicas, laborales y personales que de otro modo nunca serían opción para ellos.

Os invitamos a buscar información sobre ellos y ampliar todo lo que os comentamos. Es una historia conmovedora. Pero vamos con el detalle de lo vivido por nosotros con respecto a este equipo. Tras un viaje de más de 14 horas llegaban a Gandía en un viaje transoceánico para participar en un torneo en lo que probablemente sea para ellos la otra punta del mundo. A pesar del jet lag propio de un viaje así, cambio de continente, horario, altitud… nada podía con sus sonrisas perennes. 

Ya en la noche del basket programada para el viernes con concurso de triples y two ball iluminaban la noche de Gandía con esa actitud alegre y sus miradas inquietas lo escudriñaban todo. Eran la cara de la felicidad auténtica y a buen seguro que ni contaban las canastas que anotaban ni mucho menos les preocupaba el hecho de quedar primeras o últimas. Era una noche de diversión, para los chicos y chicas, y las chicas triquis lo disfrutaban así. Ya esta noche algún entrenador reclamaba algún triple no contabilizado a algún grupo de chicos de su club… ¡¡Si era una actividad lúdica!! 

El sábado por la tarde debutaban las chicas mexicanas en competición, categoría cadete plata y llegaban justo a jugar tras haber comido rápidamente porque seguían adaptándose al cambio horario. La tribu de los triquis vive descalza, se mueve así en su poblado y de hecho empezaron a ganar fama y visibilidad por jugar descalzos al baloncesto ya que el uso de botas o zapatillas les resultaba incómodo, antinatural. Con el tiempo han ido asumiendo que es más práctico jugar calzados pero en el partido del sábado una chica de Oaxaca empezaba a jugar su partido descalza.

Miradas de curiosidad de los espectadores, extrañeza, perplejidad… lo normal si no se conoce su historia. También algún comentario que tildaba el hecho de una “falta de respeto”… Qué fácil juzgamos en esta sociedad actual, qué pronto condenamos lo diferente, lo que se sale de lo establecido. No nos paramos a entender el por qué, nos ponemos a la defensiva y sacamos esa forma de pensar que a veces, al contrario que el progreso, parece que marcha hacia tiempos pasados.

Otra característica del pueblo triqui es ser una gente risueña. Si le añadimos lo que les supone viajar lejos a disfrutar de su deporte favorito, lo que veíamos era unas chicas sonrientes que peleaban y jugaban como las que más, pero siempre sonrientes. (como en el vídeo de Informe Robinson hace “Sonri”)

Situación anómala para nosotros por lo visto, en el deporte base preconizamos la diversión pero hubo gente a la que ver a las chicas triquis sonreír les provocó incomodidad y la duda de si se estaban burlando de las rivales. No podían comprender que simplemente reían de pura felicidad.

La pregunta estaba ahí, ¿de qué se reían tanto? ¿se reían de sus rivales? Las dudas se  disiparon cuando en una salida al ataque rápida de las Triquis, a la altura del medio campo, una rival cae en un tropiezo al suelo y su rival mexicana en lugar de proseguir despreocupada, con la misma sonrisa en la cara, se detiene y pregunta a la contrincante si está bien. Esta le contesta que sí, le ayuda a levantar y el juego prosigue. No se reían de sus rivales, simplemente de felicidad.

Al finalizar el partido el entrenador rival de las triquis conoce su historia y casi sobrecogido comenta que les hablará a sus chicas de esa historia, les hará ver el documental y les hará reflexionar sobre lo afortunadas que son de poder entrenar y jugar en un país y circunstancias como las que tenemos.

El equipo de las Triquis de Oaxaca llegaba a la final de la categoría. Eran un equipo peleón y entregado. Las chicas descansaban en el césped poco antes de jugar la final, seguían acusando el cansancio del viaje y los nervios, pero seguían sonriendo hasta dormidas. Disputaron la final, llegaron a ir ganando de más de  diez puntos pero acabaron sucumbiendo en un emocionante encuentro. Durante todos los partidos que jugaron ni un mal gesto, ni una protesta, ni un lamento, solo la sonrisa, el juego del baloncesto, conocer gente nueva, otra cultura y siempre buscar y alcanzar la felicidad por medio de algo tan sencillo como un balón, dos canastas, un rival y, como opción, unas botas de baloncesto.

Los del primer mundo, los que más facilidades tenemos, a veces, nos empeñamos en no disfrutar de todo eso y estresarnos viendo jugar a nuestros hijos, perder los nervios, hacerles sentir incómodos  y convertir la actividad en algo para las familias que simplemente mide ante los otros lo buenos o malos padres que somos viendo lo bien o mal que juegan nuestros retoños. Y sí, todos nos equivocamos, ninguno estamos para dar lecciones. Entrenadores, árbitros, padres, madres… todos podemos mejorar y en la mano de todos está el hacer que el deporte sea el canal y no el final.