Raquel, el anonimato y el baloncesto (I)

Por Basketistas

 

Hoy abrimos una nueva ventana en nuestro blog y lo hacemos para acercaros a conocer a una persona muy especial. 

Hemos leído y escuchado mucho de los héroes anónimos que se han partido la cara en la primera línea de fuego contra esta pandemia. Nos ha llegado lo precario de sus condiciones para combatir en nombre de toda la sociedad, para protegernos, cuidarnos y acompañarnos en momentos que si ya son historia, solo con perspectiva llegaremos a valorar en toda su magnitud.

Nosotros poníamos la televisión y los veíamos con sus EPI autoconfeccionados al principio, los intuíamos agotados bajo capas y protecciones pero reconocíamos una de esas caras que aparecían fugazmente en las piezas informativas de los telediarios. Era de una amiga nuestra, una gran persona que pertenecía a esa tropa de héroes anónimos que nombramos al inicio de este post.

Desde ese momento inicial estaba en nuestros pensamientos porque además, nos había unido una pasión común, el baloncesto. La conocimos en sus primeros tímidos pasos como entrenadora ayudante, siempre con una sonrisa, siempre derrochando cariño hacia las chicas alevines e infantiles.

Hemos sentido la necesidad de sacar en cierto modo del anonimato a esta persona en representación de tantos y tantos a los que no se les pone cara. Hemos querido darle voz para que nos contase en primera persona su experiencia en esta pandemia y siempre con el trasfondo o hilo conductor del deporte que nos une: el baloncesto. No vamos a decir que pretendemos hacerle un reconocimiento público, porque estamos muy lejos de tener esa repercusión como para ello. Pero sí que queremos aportar un granito de arena por ella y por todos su compañeros del ámbito sanitario a los que tanto os debemos. Iniciamos una serie de posts en los que os invitamos a conocer a Raquel y su experiencia durante los últimos meses.

A la hora de comenzar con ello pensamos, ¿qué mejor manera para empezar a conocerla que se nos presente ella misma? 

 


Hola, soy Raquel, tengo 25 años, soy enfermera y una amante del baloncesto.

Estudié en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad de Zaragoza y actualmente estoy trabajando en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Universitario Miguel Servet, pero no es una UCI normal, es una UCI Covid, donde atendemos a personas que ingresan en planta o desde urgencias porque su situación clínica es crítica.

Toda esta carga de trabajo la libero disfrutando del deporte que más me apasiona, el baloncesto. Desde los 9 años tenía claro que quería jugar, ya que veía a compañeras entrenar durante los recreos y me gustó mucho. Desde entonces he jugado en distintas categorías, siempre compaginando estudios y deporte. He jugado en varios clubs de Zaragoza, el que con más cariño recuerdo es el C.N. Helios con el cual, jugué varios campeonatos de Aragón e incluso de España.

Tras mi época universitaria empezaba mi vida laboral, así que decidí que el baloncesto sería mi válvula de escape al trabajo, a las largas jornadas en el hospital. Fue aquí cuando más pude disfrutar de este deporte, ya que tuve el gran privilegio de poder decir que he jugado con mi madre en Primera y Segunda Aragonesa en C.D. Boscos. Es una experiencia única, irrepetible e increíble.

Pero a mediados de marzo del 2020 se empezó a romper ese sueño de seguir jugando juntas, el coronavirus había irrumpido de lleno en la vida de todos.

 Nos conocemos ya hace unos años y solemos encontrarnos por las canchas de cuando en cuando. El pasado febrero tuvimos la suerte de verte una vez más en una pista de baloncesto. Era un partido de 2ª Aragonesa y allí estaba tu equipo, C.D Boscos, contigo haciendo honor a tu apellido, dando “guerra” desde el tiro exterior. Quién nos iba a decir lo que se venía un mes después…
Ese partido fue muy reñido sí. Casi casi nos llevamos la victoria y dimos un “susto” a nuestro rival. Jeje Y pensar que ahora apenas se puede jugar como aquel día…

 ¿Cómo se vive dentro del sistema sanitario la llegada de un “tsunami” así?
Esta pandemia nos pilló a todos desprevenidos y por sorpresa. Nuestra dinámica de trabajo cambió radicalmente. Tuvimos que reubicar a los pacientes que teníamos en esos momentos en otras UCIs y luego reorganizar la unidad de arriba a abajo para enfrentarnos a un virus totalmente desconocido, y, como todo lo desconocido, teníamos miedo, inseguridad por ver lo que se nos venía encima. Todo esto a contrareloj, las plantas se iban llenando de pacientes y ya había una UCI ocupada, las camas se necesitaban para ya.

“como todo lo desconocido, teníamos miedo, inseguridad por ver lo que se nos venía encima”

 Para alguien joven como tú esta pandemia es prácticamente una prueba de fuego profesional que te tiene que poner muy al límite, especialmente esa vocación que conlleva tu profesión ¿en algún momento se ha tambaleado esa vocación?
Para nada. Se dice que esta profesión, la enfermería, es totalmente vocacional, ayudar a cuidar al prójimo, a restablecer su equilibrio, su salud. Ahora, más que nunca, estoy orgullosa de ser enfermera, de los compañeros que formamos este equipo, siempre transmitiendo cariño, humildad, seguridad, empatía y tranquilidad, sentirse bien cuidado a pesar de no poder estar arropado por tu familia y seres más allegados. Aunque estemos muy cansados, no dejaremos de trabajar y salvar gente. Aunque la gente esté en la UCI y no puedan ver a sus familiares, tenemos que transmitirles que estamos ahí para ayudarlos a superar esta enfermedad, no están solos.

 Se ha hablado mucho de la falta de medios materiales en la primera ola y el agotamiento del personal que estabais en primera línea en condiciones precarias. Esa doble preocupación entre ayudar a la gente a toda costa y cuidar de uno mismo por el alto riesgo para la salud propia por esa precariedad de medios, ¿cómo lo has gestionado?
Al principio teníamos miedo, miedo a contagiarnos de un virus nuevo, miedo de contagiar a nuestras familias y que por ello enfermaran; inquietud, angustia… Los primeros días fueron duros porque no sabíamos al 100% si el EPI nos lo quitábamos bien, si estas mascarillas que nos daban nos protegían adecuadamente… Sobretodo, agradecer las donaciones que nos dieron; por ejemplo, mi madre hizo mascarillas con sábanas del salud y delantales con bolsas de basura. Además, otro buen amigo también aportó mucho y nos proporcionó material que nos vino muy bien en esa primera ola en la cual íbamos tan escasos de todo.

“mi madre hizo mascarillas con sábanas del salud y delantales con bolsas de basura”

 Hubo que confinarse y con ello nada de práctica deportiva. En tu situación además de jornadas infinitas de trabajo y la presión física y mental te hubiera venido bien hacer algo de deporte. ¿cómo podías desconectar? ¿echabas de menos el deporte? ¿lo hacías en casa como muchos o el agotamiento lo hacía imposible?
Buff. El confinamiento fue la despedida al deporte, al poder desahogarme por toda la carga que llevaba encima, y no la pude trasladar a otra actividad. Intenté hacer ejercicio en casa, como casi todo el mundo, pero era muy distinto. Echaba en falta el baloncesto, el aire libre, un espacio distinto donde poder desconectar. He de decir que muchos días cuando llegaba a casa la manera que tenía para desconectar y descansar era tumbarme en el sofá viendo una película, algo ligero para el largo y agotador turno de trabajo que había pasado. El ejercicio pasó a otro plano completamente.

Continuará…