Temporada 20/21, rumbo a… ¿qué?

Por Basketistas

Hace meses que no nos asomábamos por esta ventana para escribir unas líneas sobre lo que nos gusta, el baloncesto de base. El de las pistas variadas, de líneas desgastadas, las que  no brillan con iluminaciones perfectas sino las que se mantienen contra viento y marea por, sobre todo, voluntad y dedicación de esos “locos” del deporte en edad de formación. Cuesta escribir sobre lo que nos apasiona cuando nos lo ha arrebatado la pandemia y cuando el horizonte solo pinta unos nubarrones oscuros.

La previsible imprevisión

Parece demostrado que lo único claro es que vamos a lo que no queríamos nadie pero que ya casi es un hecho: la previsible imprevisión. Es decir, estamos en puertas del comienzo del curso escolar y de la temporada deportiva 2020/21 y lo único que tenemos es incertidumbre. Somos una sociedad un tanto especial con unos gobernantes en sintonía y tras un confinamiento de los más estrictos (eso dicen), en lugar de aprovechar el impulso cogido para ir por delante del virus, nos tumbamos al sol del verano y dejamos que sea éste el que nos coja mucha ventaja. ¿Y ahora? Ahora vamos poniendo parches como el mal estudiante que deja todo para la noche anterior al examen.

Era previsible, sí, porque está en el ADN de nuestra sociedad y porque en un Estado de las autonomías que se muestra cada día más ineficiente, pasa lo que tenía que pasar. Apostamos por la economía del turismo, por desquitarnos del confinamiento, por las vacaciones que nos merecemos todos y lo hacemos como somos, sin pensar en el mañana. Pues el mañana ya está aquí.

Nadie a los mandos

¿Quién va a querer tragarse este sapo después de todo lo que llevamos a cuestas?, deben de pensar las distintas autoridades “competentes”. Pero es que eso va con el cargo, no es algo que se elija.

Y ya estamos con septiembre a la vuelta de diez días, el comienzo del curso académico y el deporte amateur y de formación. Para hablar del curso escolar se ha fijado una reunión el próximo día 27 de agosto, sí, apurando, aquí es que somos así. Del deporte base ya ni hablamos, nadie lo quiere decir abiertamente porque es otro “marrón” pero el deporte base está sentenciado sin siquiera haberse celebrado juicio ni vista previa. No mueve dinero, no hay más preguntas señoría.

Dos pilares inestables

Pues así llegamos a este punto en que dos pilares muy importantes para las generaciones del futuro se tambalean. Si a estas alturas alguien aún tiene dudas de que el aspecto académico y la práctica deportiva ayudan a formar a quienes en el futuro deberían ayudar a progresar y mejorar nuestra sociedad, es que estamos ciegos. Lo que se está haciendo con educación y deporte es lamentable.

Viene a ser como que te avisan que viene un huracán con vientos y lluvias torrenciales y en lugar de prepararte y tener claro todo lo que debes hacer te sientas en el porche de tu casa en tu mecedora, con una cerveza fresca, a verlo llegar. Cuando llegue y, según la intensidad real que traiga, ya se irá haciendo algo. Pasando de los pronósticos de expertos. No es lógico lo que estamos haciendo, dejar todo en manos del “ya veremos como va desarrollándose todo”. Claro que sí. Si hay contagios en la vuelta al colegio pues se cierran las clases y ya. Si el practicar deporte es una actividad potencialmente peligrosa, pues no se hace. Y muerto el perro, se acabó la rabia.

¿Para qué adelantarse a lo que pueda ir llegando? ¿Para qué contratar más recursos para educación o sanidad? Mejor sobre la marcha. ¿Para qué intentar protocolizar el deporte con la idea de que haya algo de deporte? Que se pongan vídeos de YouTube en casa y den brincos sin molestar al vecino de abajo.

Al fin y al cabo, ¿qué es un año más perdido? Para algunos está claro que no es nada. Que da igual que gente sin recursos no tenga internet en casa para hacer clases no presenciales, que los jóvenes aguanten sin socializarse si lo hacen con el móvil, que el deporte sea en casa y sin ninguna motivación de futuro. Un año no es nada… para ellos.

Sin remedio

Es triste pero lo que se viene es que no haya un curso escolar en condiciones, más aprobados protocolarios, más contenidos formativos perdidos y suma y sigue en un generación que acabaremos dando por perdida.

En el deporte tres cuartos de lo mismo. Chicos y chicas que perderán la motivación y acabarán por dejar el deporte que hace nada les apasionaba y clubes y entidades que tendrán que cerrar. Mucha gente que trabaja más por amor el arte que por dinero acabará desilusionándose y dejando el barco zozobrando y a la deriva.

En los informativos hablan que a los jóvenes les falta concienciación y responsabilidad con la sociedad pero, ¿nos ponemos en su lugar? ¿Qué está haciendo la sociedad por ellos? Parches y chapuzas. Al final esto es un quid pro quo, y nadie da el primer paso mientras vamos hacia el abismo. Ojalá estemos a tiempo de cambiar el rumbo.

El riesgo cero no existe pero entre el “que pase lo que tenga que pasar y ya iremos viendo” y el “vamos a minimizar los riesgos todo lo que se pueda” hay un paso que solo los capaces darán. La pregunta es, ¿quedan de esos?

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