Año Cero

Por Basketistas

¡¡Hola mundo!!

Último día de este incalificable año 2020. Cuando comenzaba nadie pensábamos que un año tan redondo en su nomenclatura, bisiesto y con tan buena pinta iba a traernos un desastre de dimensiones que aún no somos capaces de valorar. El tiempo nos dará la perspectiva necesaria para asimilar el horrible año que ha sido a todos los niveles. Ahora toca darle carpetazo y a la hora de valorarlo se nos ha ocurrido aquello de Año Cero. Cero por la nota que le ponemos, por ser cambio de década y porque casi que lo más saludable a nivel mental sea hacer un borrón y cuenta nueva para afrontar el futuro.

Aquí hablamos de deporte base, de baloncesto y de temas que en cierto modo son relacionados con el deporte directa o indirectamente. Es el hilo conductor y nos centraremos en ello porque si hablamos del ámbito de la salud de todos, de la situación económica o laboral nos iba a salir un post con tintes muy dramáticos. Solo os podemos desear a todos en la salud personal y en lo laboral que tengáis un futuro inmediato esperanzador y si puede ser, ilusionante. ¡¡Ánimo a todos!!

Centrándonos en lo que nos mueve en este espacio, que es el baloncesto base, el 2020 es un año al que odiar con todas las fuerzas. Casi llegamos a tocar con las yemas de los dedos el poder asistir a un Campeonato de España Cadete, haber culminado y disfrutado con una temporada 2019/20 que  apuntaba como nunca.

Llegó el virus, la pandemia mundial y hubo que parar todo de raíz. Y ojo porque hasta para nuestros equipos profesionales de Zaragoza ha sido un desastre de dimensiones estratosféricas. Antes de la llegada del Coronavirus el Real Zaragoza enfilaba el camino al ascenso a primera división y el Casademont Zaragoza llamaba a las puertas de las grandes gestas de los humildes en Liga ACB e incluso en Europa con el título de la Basketball Champions League en el punto de mira.

Como un tsunami que llega y lo arrasa todo ha sido la pandemia para el deporte local y el deporte base de nuestra ciudad. Lo peor quizá sea pensar que los tsunamis hacen casi más daño al retirarse que cuando llegan inundando todo. Pensar en lo que está por venir para el baloncesto base es preocupante, en el deporte profesional ya lo estamos viendo con un giro radical de sensaciones y resultados.

En el deporte base se perdió el final de la temporada 2019/20 que, como en todas temporadas, suele ser la parte más bonita para todos los chicos y chicas. Fases finales donde recoger los frutos del esfuerzo, torneos con mayor o menor carácter lúdico, Copa de final de temporada, campus de verano… El desastre ha sido absoluto pero en cierto modo se asumía como algo inevitable y con la mirada puesta en la campaña 2020/21 cargados de esperanza y ganas por recuperar lo que el virus nos había robado.

EL DESPERTAR

Pasó el verano y con él ese paréntesis que en mayor o menor medida todos intentamos hacer para descansar sobre todo mentalmente del estrés que nos dejaba la pandemia. Tocaba despertar de la pesadilla y ver en qué medida se iba a poder ir normalizando la situación. 

Poco duró la calma tensa, enseguida se empezaba a hablar de rebrotes, de segunda ola, de restricciones y de medidas que nos retrotraían a esos meses de abril y mayo que nos habían marcado el año. Se quería creer que no iba a volverse a tantas restricciones pero por otro lado todos en nuestro foro interno intuíamos que no estaba tan lejos el volver a un confinamiento.

Los clubes y federaciones planificaban todo como si no fuera a pasar, como si ajenos a la realidad el virus fuera a respetar al mundo del deporte base. El deporte profesional ya iba teniendo protocolos y capacidad para desarrollarse, el dinero no da la felicidad pero logra los medios para acercarte a ella.

Costaba en el deporte base avanzar en protocolos y medidas definidas, cada Autonomía por su lado, y se veía que éramos un mundo que en realidad no preocupaba mucho a los dirigentes políticos que parece que no hayan practicado deporte en sus etapas infantiles y adolescentes. El virus y su avance eran más rápidos que las decisiones en el ámbito del deporte amateur donde se veía que todo iba dejándose a su suerte.

Y la suerte no iba a acompañar. Se intentaba iniciar la temporada pero ya los juegos escolares se veían sacrificados. Lo peor es que se seguía haciendo como que todo era normal y todo saldría bien no asumiendo que situaciones excepcionales requieren medidas excepcionales. El “vamos a empezar y ya veremos” parecía la consigna mientras que por parte de las autoridades políticas autonómicas y nacionales se equiparaba el deporte a la hostelería, el ocio nocturno y otras actividades de alto riesgo de transmisión del virus. No se ponían en la balanza en ningún momento los beneficios de la práctica deportiva, no se intentaba proteger ni establecer medidas que atacasen los riesgos pero intentasen salvaguardar el deporte en unas edades donde además se muestra esencial. Deporte es salud.

Al final amago de comienzo de temporada, tercera ola en Aragón y de nuevo el deporte sacrificado y señalado como parte del problema y nunca de la solución. Una lástima.

¿Y AHORA QUÉ?

La pregunta recurrente, ¿ahora qué? Acabamos el año con todas las competiciones paralizadas, algunas ni siquiera iniciadas y los juegos escolares con absoluta incertidumbre al depender del Departamento de Educación. Solo aquellas competiciones que han  encontrado el resquicio de moverse en un ámbito “nacional” se han podido mantener pero no deja de ser un resquicio legal para muy pocos que a la vez es un agravio comparativo con otras competiciones. ¿Acaso en las competiciones nacionales de base hay otros protocolos? No. ¿Acaso se realizan test de antígenos o PCR previos a los partidos? No. ¿Acaso se desenvuelven en burbujas que garantizan la seguridad de los contactos? No.

Al final lo que suena es más a “vamos a ir haciendo pruebas de ensayo-error y lo hacemos con las nacionales que al final son las que acaban, por lo general, en campeonatos de España y no es plan no llevar equipos de nuestra Autonomía si las otras llevan”. Bien, hasta se podría aceptar ese argumento pero, ¿se hace seguimiento o estudio de incidencia? No.

Nuestra conclusión, independiente, personal e intransferible, es que no se permite la práctica deportiva en modalidad competición de contacto por si acaso. Nos se están permitiendo las ligas federadas por si acaso. No se permiten los juegos escolares, por si acaso. Por contra, sí que se van permitiendo otras actividades e incluso el asistir a clases presenciales en aulas pequeñas (por muy bien ventiladas que estén) y aún se plantea la presencialidad desde enero de todas las enseñanzas. 

Se ha comunicado por parte de la Federación Aragonesa de Baloncesto que en enero se ha autorizado la vuelta de las competiciones federadas e incluso los juegos escolares. Se dice que la Dirección General de Deporte lo ha autorizado pero ni desde Sanidad ni desde Deporte se ha plasmado en un comunicado o una directiva oficial. Nuevamente suena a un “ya veremos”. Pero se ha dicho cuando la curva era claramente descendente.

¿CUARTA OLA?

Con las cifras que se están dando en el momento de redactar estas líneas todo parece indicar que la cuarta ola en Aragón ya se quiere dejar ver. Ola que las autoridades sanitarias daban por segura ya hace unas semanas. El panorama no parece nada alentador pero ojalá las cifras se estabilicen y el horizonte de la vacunación empiece a hacer recapacitar a algunos a la hora de tomar decisiones porque de lo contrario lo que pasará está claro: nivel de alerta 3 agravado y prohibición de práctica deportiva en interior y de toda competición a la que no se le pueda colgar la etiqueta de “nacional”.

Así que el 2020 se va por el retrete y el 2021 no parece que vaya a arrancar muy prometedor. Lo que se echa en falta es algo de criterio en las medidas y sobre todo la búsqueda de métodos que intenten hacer viables las competiciones. Se hizo un válido protocolo de inicio de temporada pero con el paso de fases no se ha hablado nunca de “para hacer tal competición en fase X las instalaciones deberán ser cumplir tales condiciones, con X metros cúbicos de aire mínimo por participante, dimensiones, ventilación… se pedirán mediciones de niveles de CO2 previas al comienzo del encuentro, etc, etc, etc…” Al final acaba pareciendo que es más sencillo ir a lo fácil y prohibir.

Y la última pata del banco es que esta situación ha dejado al aire las costuras de todo el deporte base y su enorme precariedad laboral, económica, de recursos y hasta de ideas. Nadie en Aragón ha alzado la voz (solo una mini concentración de los educadores físicos) y clubes y federaciones se quedan callados y quietos en la mata. Además cualquiera que se haya movido por el deporte base sabe de la precariedad laboral y el modo de funcionar en esa especial economía así que a esperar que escampe. 

Todos quietos sin significarse, ni siquiera un manifiesto o comunicado firmado por todos unánimemente en que se pida que se permitan las competiciones y juegos escolares por el bien de los jóvenes. Todos con sus intereses para no posicionarse ni alzar la voz. Al final lo que se va a acabar por demostrar es que los jóvenes y su práctica deportiva son el medio y no el fin para los objetivos de unos y otros.

Ha faltado unidad, ha faltado solidaridad y sobre todo ha faltado valentía, o sobrado comodidad. Las familias y nuestros hijos/as somos igualmente quienes sostenemos en gran medida el deporte base. Familias y subvenciones,  no hay más. Y a la parte de las familias se nos ningunea como norma general con honrosas excepciones.

Esperemos que el 2021 sea el año 1. El año en que resurgió el deporte base después de la pandemia y lo hizo a pesar de los pesares. Lo más fácil es que lo haga gracias a la vacuna y a que el virus se vaya controlando por medio de esta. Si se ha de salvar por la lucha unida del mundo del deporte base, apañados estamos.

Tiempo de reinventarse y de ese borrón y cuenta nueva. Que cada uno analice qué puede hacer por el deporte base y lo lleve a cabo y no al revés.

¡¡Feliz y deportivo año 2021 a todos!! Nuestros hijos/as se lo merecen y lo necesitan.